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Feliz Año 2021

Por Alfredo Araico Rodríguez

Es como si la muerte jugara adivinanzas con nosotros, a ver quién es el próximo, a ver a quién le toca, es como una novela de Saramago pero en sentido inverso. 

Los famosos y los no tanto, los que pasan del anonimato a la corriente de la opinión pública de repente, vía una anécdota, vía un comentario hecho al alimón. 

Pues aquí estoy de regreso, gracias a la hospitalidad de Laurita Roldán, a pesar de la incredulidad de muchos, que quizás pensaron en verme en muletas para siempre. 

Si es verdad, las fiestas las pase en el CLA, centro libre de adicciones, para no sentir la soledad mortal de mi departamento. Pero el ocho de enero regrese, y gracias a Dios me siento mejor, sin un trabajo fijo y sin dinero constante, pero gracias a Dios, la caridad no falla y si he dejado de comer un par de días, ha sido mucho. 

Así pago mi error, que no fue solamente mío de haber exigido una pensión y jubilación en lo que fue Radio Impacto y Radio Tribuna, expresiones del capitalismo salvaje que explotan el talento sin tomar en cuenta que algún día los años se nos vienen encima. 

Pero en fin, la vida de todos está en una tablita, un señor de 37 años que vendía películas va al DF un día a surtirse y al otro día, muere. Hacer la lista de todos los que han partido es innecesaria, pues ya es del dominio público. 

El comentario obligado es externar nuestro más sincero pésame, ya que los conocí a todos. Yo estoy con vida gracias a la Tercera Orden Franciscana, a la que perteneció mi madre, la que me proporciona a diario, baño y alimentación. 

Y gracias a decenas de manos amigas que todos los días extienden su mano hacia mí. En el clímax del abandono, con las muletas hasta pedí limosna en atrios de diversos templos, y al interior de autobuses y combis. 

Lo que me mantiene en pie es el reconocimiento a mi conocimiento, a lo que sé y guardo como dicen, en calidad de biblioteca ambulante. Ojalá que el ámbito de la depresión invernal no me rebase y pueda yo emerger como el ave fénix, al resurgir de mis propias cenizas. 

De lo demás, de las políticas y cosas peores, al estilo de Catón continúa como la repetición incesante de una comida obligatoria, ya que estamos sentenciados desde hace siglos, a ser los animales políticos que caminan por el mundo, unos saben más y otros ignoran el resto. 

El secreto de la vida, continúa a diario, a la espera de un cazador furtivo, que logre arrancar los frutos deseados y permitidos, porque está demostrado en mi caso, que el haber arrancado los prohibidos, me tiene en la antesala de la rehabilitación, que yo si la deseo, no como Amy Winehouse, que se fue cantando I dont wanna be rehab: no quiero rehabilitarme. Hasta la próxima y gracias por el espacio. 

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