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Moda rápida: el fin de una era se acerca

Nayeli Meza y Viviana Bran

Los daños que producen al medio ambiente las marcas fast fashion y las condiciones laborales que ofrecen a sus trabajadores, sumado a un cambio en la manera de consumir de los compradores pueden llevar a estas empresas a su extinción si no se renuevan en el mediano plazo.

La consigna de la moda rápida es una: usar y tirar. Cada día, millones de mexicanos compran playeras, pantalones y vestidos a un bajo precio, prendas que en menos de un año desecharán.

La ropa que se adquiere en la industria del fast fashion (moda rápida) no solo está provocando un daño al medio ambiente, también genera una gran cantidad de basura que no se ha podido gestionar.

Según la ONU, la industria de la confección es responsable de aproximadamente el 10 por ciento de las emisiones mundiales de Gases de Efecto Invernadero y consume más energía que la aviación y los envíos de paquetes combinados

Entre el año 2000 y el 2015 la producción mundial de este segmento de la moda se multiplicó, de acuerdo con un estudio elaborado por la Fundación Ellen MacArthur.

Esto quiere decir que a inicios de la década se fabricaron 50 mil millones de prendas y 15 años después la cantidad se disparó a 100 mil millones, una tendencia que se ha mantenido al alza desde entonces.

El problema se agrava al tomar en cuenta que las personas compran más y utilizan menos, prueba de ello es que la ropa que se adquiere en tiendas de moda rápida tiene un periodo de vida en el clóset 36 por ciento menor, equivalente a 160 puestas aproximadamente, cuando hasta hace unos años se superaban las 500 antes de mandarse al bote de basura o a donación.

La industria cobró mayor relevancia luego de que en 2010 el deseo de las nuevas generaciones por estar a la moda aumentara de manera considerable su consumo.

La alta demanda requirió que las marcas relacionadas con este mercado crearan nuevos métodos para cubrir la producción de indumentaria y de calzado que se necesitaban, por lo que idearon el término fast fashion, una estrategia empresarial para fabricar en masa, a menor costo y con una mayor ganancia.

Un análisis de la Universidad de Cambridge revela que este negocio reporta ganancias por más de un billón de dólares anuales a nivel mundial, cifra que supera a industrias como la de informática y electrónica.

Aunque la industria es una fuente crucial de empleo y contribuye de manera considerable con el Producto Interno Bruto (PIB) de las economías emergentes, la realidad es que los salarios y las condiciones laborales en este medio suelen ser malas.

Iván Vázquez, presidente y fundador de la organización financiera Protege A.C, considera que estas empresas deben cambiar su modelo de negocio o están condenadas a enfrentarse a su fin ante un nuevo paradigma en la mentalidad de los consumidores, sobre todo, entre los más jóvenes.

“La moda rápida obedece a los hábitos de las personas y en este momento hay muchas que ya no quieren consumir de manera irresponsable, tal vez con el tiempo las marcas migren hacia otro tipo de textiles menos agresivos, pero lo harán no tanto por un sentido ambientalista, sino económico, de lo contrario van a desaparecer”, comenta el consultor de negocios.

Los minoristas obtienen millonarias ganancias a costa del trabajo de personas que laboran en malas condiciones

Los minoristas obtienen millonarias ganancias a costa del trabajo de personas que laboran en malas condiciones

BAJO COSTO, BAJA REGULACIÓN DE LA MODA RÁPIDA

A territorio nacional han llegado marcas como Zara; Bershka; C&A; Forever 21; Pull & Bear; Stradivarius, H&M, y Sasha, todas consideradas dentro del segmento del fast fashion.

Desde hace años, algunas de ellas han impulsado estrategias con el objetivo de ser más ‘verdes’, C&A, por ejemplo, ha logrado una reducción en el consumo de agua de un 51 por ciento, de acuerdo con su informe global de sustentabilidad 2018.

Además es el mayor comprador de algodón orgánico en el mundo: aproximadamente 71 por ciento del insumo que adquieren es orgánico certificado o Better Cotton, y para 2020 aspiran a llegar al 100 por ciento.

Otro ejemplo es H&M, que pretende convertirse en una empresa totalmente amigable con el planeta para 2040, lo que significaría reducir por completo sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero.

Aunque estos esfuerzos pueden tener buenas intenciones, detrás de estas motivaciones se sabe que México es un mercado altamente rentable para este tipo de compañías por el elevado interés entre los consumidores.

Diversas organizaciones textiles estiman que hasta el cierre de 2018 el número total de ‘tiendas rápidas’ en el país rondaba las 400, sin embargo, la presencia es mucho mayor al tomar en cuenta que la cifra deja fuera al sector informal y a sitios en línea como Shein o Zaful, que se dedican a vender ropa a precios muy accesibles para todo el público.

Para Iván Vázquez el mayor problema está en que en México no existe una regulación más estricta para este tipo de compañías, pues mientras que en otros países se les establecen metas que deben cumplir en determinado tiempo, en el mercado local se les permite una operación más libre.

En México se han dado las condiciones ideales para que las empresas de moda rápida puedan vender todo lo que quieran a diferencia de otros países en donde esto no es posible; esto es consecuencia de leyes muy laxas en la materia

– Iván Vázquez

Presidente y fundador de la organización financiera Protege A.C

Las personas dedicadas a la confección de prendas de moda rápida son de las peores pagadas a nivel mundial.

Las personas dedicadas a la confección de prendas de moda rápida son de las peores pagadas a nivel mundial.

EL LADO MAS FASHION

Sin importar los problemas económicos a los que se puedan enfrentar países y personas, la industria de la moda es uno de los mercados con más alcance a nivel global.

Este sector es uno de los más resistentes ante las crisis económicas, además de mantener los empleos al evitar la rotación de personal, se adapta al estilo de vida que llevan los consumidores y a lo que pueden pagar.

Aunque la industria de la moda rápida ha sido cuestionada por sus estándares de calidad, el segmento ha logrado sobrevivir a las crisis económicas y es un importante generador de empleos en todo el mundo

El sector manufacturero textil cuenta con más de 300 millones de trabajadores en todo el mundo. Tan solo en Asia, la producción de artículos de moda representa 40 por ciento de los puestos de trabajo industriales.

Entre los principales países productores de ropa en la actualidad se encuentran China, la Unión Europea, Bangladés, Vietnam, India, Turquía, Indonesia y Estados Unidos.

El grupo textil de origen español, Inditex, que cuenta con múltiples compañías entre las que destacan Zara, Bershka, Pull & Bear y Massimo Dutti, entre otras, se rige bajo el sistema fast fashion.

Al cierre de 2018, este sector generó ganancias por más de 28 mil millones de dólares en ventas, cifra que equivale a un 3 por ciento más de lo que obtuvo en el ejercicio de 2017, de acuerdo con los datos de la compañía.

Martha Calderón Zavala, profesora en la escuela de diseño de modas, Alessandra Farelli, asegura que la estrategia del fast fashion que siguen las empresas como Inditex, funciona porque cada 15 días ofrecen modelos diferentes de ropa a precios muy económicos.

El negocio de la moda aporta 2.4 por ciento al Producto Interno Bruto de México. En 2018, este sector empleó a 509 mil personas en el país

“Los millennials siempre van a comprar en tiendas como Zara o Bershka porque es ropa que pueden pagar. El diseño de las tiendas es otro de los factores que ayuda a ganar preferencia, los colores y la forma en que están acomodadas las prendas cautivan a este tipo de clientes desde el momento en que entran”, detalla la especialista.

El sistema de la moda rápida presiona los recursos naturales, contamina el medio ambiente y crea impactos sociales negativos

El sistema de la moda rápida presiona los recursos naturales, contamina el medio ambiente y crea impactos sociales negativos.

MOTOR ECONÓMICO

El negocio de la moda aporta 2.4 por ciento al Producto Interno Bruto (PIB) de México. En 2018, este sector empleó a 509 mil personas en el país, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

De cada 100 pesos de insumos utilizados por esta industria, 55.3 son nacionales y 44.7 importados. En cuanto al valor de la producción, 76 pesos de cada 100 se quedan en México bajo el concepto de compras de insumos nacionales, pago de remuneraciones, ganancias e impuestos.

En los últimos cinco años, el sector de la moda en el territorio mexicano ha crecido de forma considerable, la población joven que va de los 14 a los 30 años son quienes más consumen ropa y calzado.

En promedio, las familias mexicanas acuden siete veces al año a zapaterías y tiendas de ropa, por visita gastan entre 398 y mil 736 pesos, según las cifras de la agencia en investigación de mercados Kantar Worldpane

MODA SUSTENTABLE, LA NUEVA INDUSTRIA

El efímero uso de la ropa provoca que cada año se desechen prendas elaboradas con el equivalente a 3 millones de barriles de petróleo, de acuerdo con el reporte The Sustainable Fashion Blueprint 2018, elaborado por la Universidad de Cambridge.

Cada segundo se desecha un camión entero de basura de textiles en el mundo. De seguir con esta tendencia, para 2050 la industria de la moda utilizará una cuarta parte del presupuesto mundial para mitigar las emisiones de carbono.

La ropa libera medio millón de toneladas de microfibras al océano cada año, cifra que representa más de 50 mil millones de botellas de plástico.

Las microfibras son casi imposibles de limpiar y pueden entrar en las cadenas alimentarias, es decir, que los desechos que generan los consumidores, al final los ingieren a través de su comida.

Un reporte elaborado por H&M muestra que aproximadamente el 70 por ciento del impacto de una prenda en el clima ocurre durante el proceso de fabricación

La posibilidad de que la era del fast fashion llegue a su fin ha obligado a las marcas a entrar al terreno del slow fashion a través del uso de materiales no convencionales, como cáscaras de alimentos y o plásticos reciclados.

A esta tendencia se le conoce como textifood, una categoría que ya ha sido adoptada en países de Europa y entre algunos diseñadores de moda en Estados Unidos y en Asia. Consiste en elaborar prendas con fibras extraídas de sobrantes de alimentos.

Gerard Cortez, experto en moda, asegura que esta tendencia está cobrando una mayor relevancia en las marcas chicas y grandes ante la responsabilidad de pensamiento que se está adquiriendo, pero a este ingrediente se le suma que los consumidores pagan la honestidad de la marca con lealtad.

“La tecnología ha ayudado a crear textiles más responsables debido a que el público cuestiona más sus decisiones. Anteriormente compraban prendas hechas con micro fibras de plástico, ya que se creía que era algo bueno por que no era piel de animal, pero ahora se sabe que este material también contamina los océanos”, detalla el analista.

Aunque algunas marcas han intentado migrar hacia un modelo más sustentable, aún mantienen el liderazgo en la categoría de la moda rápida

Aunque algunas marcas han intentado migrar hacia un modelo más sustentable, aún mantienen el liderazgo en la categoría de la moda rápida.

A nivel mundial, menos del 1 por ciento de los materiales usados se recicla para producir ropa nueva, de igual manera se debe considerar que existen altos costos asociados a la eliminación de los residuos.

La Fundación Ellen MacArthur estima que el costo para el Reino Unido es de aproximadamente 108 millones de dólares anuales.

La utilización de materiales no convencionales como cáscaras de alimentos para la elaboración de las prendas puede ser una alternativa para que la industria sobreviva al paso del tiempo

En países como Alemania se recicla el 65 por ciento de los desechos textiles, por el contrario, en México apenas representa el 5 por ciento; esto se debe en gran medida a la falta de innovación y a los elevados costos de producción.

El deseo de dar el paso hacia una industria más sustentable ha motivado a diversas organizaciones a unirse para crear herramientas que permitan medir los daños al medio ambiente.

Un ejemplo es The Sustainable Apparel Coalition (SAC), coalición integrada por retailers, marcas y empresas que en conjunto desarrollaron el índice Higg, cuyo objetivo es medir los impactos ambientales, sociales y laborales de una empresa para que la industria pueda abordar las ineficiencias y proporcione soluciones más amigables con la naturaleza.

Con información de: Reporte Indigo


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