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Ana María, madre y policía sin miedo

Sus hijos le dan valor para ayudar a mujeres víctimas de violencia o combatir a delincuentes aunque arriesgue su vida

 Ana María, madre de familia de tres hijos y abuela de dos pequeñas lleva en la sangre ser policía. Su padre fue Comandante de Rescate de Distrito, le inculcó el amor por este trabajo que aunque riesgoso, forma parte de su vida y le permitió llevar el sustento a su familia, luego de vivir en carne propia la violencia a manos de su ex esposo.

Ella funge desde hace 13 años como policía,  primero en las filas de la Policía Estatal de Tlaxcala y desde hace cinco años en las fuerzas policiales de Texmelucan, donde además es parte de la unidad de Víctimas de Violencia de Género.

Está contenta con lo que hace y pese a que la gente muchas veces desconfía de ellos, no cambia por nada el poder salvaguardar la seguridad de la gente y las carencias que padece, ya que para su familia es papá y mamá.

Esta mujer de estatura media y de semblante serio, dice que ser policía no es fácil sobre todo en una época tan violenta. Sin embargo, la fuerza que le da al salir a un servicio es pensar en sus hijos, quienes conscientes del riesgo que esto implica, la apoyan e impulsan para seguir haciendo su labor como policía: “le echa garra».

Su mayor satisfacción sumada a la de servir a la ciudadanía, es el haber sido tomada en cuenta para ser ascendida a policía tercero, en tanto que sus momentos  más difíciles, han sido los enfrentamientos en los que ha participado. Y el  no poder hacer más por las personas que solicitan su auxilio, pero al final se niegan a denunciar.

La discriminación no ha sido factor para frenarla

Ana María, no ha quedado exenta de la discriminación. «Sí la he tenido por mi tamaño y porque nunca me ha dado miedo nada; si hay enfrentamientos le entro y no me espanta, es parte de mi trabajo y no me importa que me critiquen. Mis hijos son la fuerza para salir adelante» dice firme mientras ligeramente toca su arma, la cual asegura no tiene miedo en accionar cuando la situación lo amerite.

Orgullosa de sus insignias de policía tercero que se elevan en sus hombros, esta policía, ama de casa y madre de familia, dice que no es fácil ser policía en medio de tantos hombres, sobre todo cuando se impone el machismo, aun así sostiene que «se hace lo posible por sobrellevar a los compañeros».

Ser policía lo lleva en la sangre dice Ana María, porque eso le gustó y porque vivió violencia familiar a manos de su marido.

A horas de la tradicional celebración del Día de las Madres, manifiesta que no solo el 10 de mayo se debe honrar a las mamás, sino todos los días y sobre todo a las que son mamá y papá como ella.

Con información de: Cecilia Espinoza

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