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Participación Ciudadana, síntoma inequivoco de una democracia avanzada

Uno de los recuerdos más gratos de mi vida académica es sin duda el primer año de universidad, me parece que fue bastante importante para mi formación como abogado, sin demeritar cualquiera de las otras etapas de mi carrera académica.

Durante esa época hice amigos entrañables con los que hasta la fecha sigo teniendo mucha comunicación, e incluso trabajado en proyectos muy específicos. Durante esos años me quedó muy marcado el concepto de democracia y sus diferentes “presentaciones” o variantes; democracia participativa, democracia directa, democracia deliberativa, muchas son complementarias y representan versiones más
avanzadas de democracia.

Se me ha quedado muy grabada la definición de democracia deliberativa de el gran Carlos Santiago Nino: “la capacidad de la democracia para transformar los intereses de las personas y su preferencias. El dialogo es el mecanismo a través del cual la democracia convierte las preferencias autointeresadas en preferencias imparciales.”. En principio suena complicadísimo poder llegar a esto, quizá es un ideal, pues requiere de muchas voluntades ¿qué tendrá que hacer un Municipio para poder propiciar el diálogo?

Como siempre suelo decir, habrá que hacerlo paso a paso, tal vez pequeños, pero constantes. El gobierno, en cualquier nivel, tiene como deber poner las condiciones para que las cosas sucedan. Entonces un municipio que quiera incentivar el diálogo para poder fomentar la democracia participativa por medio de la deliberación pública, deberá de establecer las bases y las formas en las que ésta se debe de dar.

Deberá de ser con reglas claras, incluso estrictas, para que quien acceda a estos foros de diálogo les sea más fácil llegar a estas “preferencias imparciales” a las que hace referencia el autor mencionado en el párrafo anterior.

Hay muchas iniciativas que un gobierno puede emprender para buscar fomentar el diálogo y la participación ciudadana; lo importante es que no quede solo en estos llamados “foros”, para que la democracia pase de solo ser representativa a ser participativa, estos espacios de diálogo deberán de ser permanentes y continuos.
Deben de tener una vocación permanente de buscar el Bien Común.

Termino con un estracto de un discurso pronunciado, el 1 de enero de 1983 en el  marco de la XVI Jornada por de la Paz, por el gran Juan Pablo II, que como saben queridos lectores, admiro profundamente, como líder espiritual, pero también como gran filosofo de nuestro tiempo: “Ante todo, lo dirijo a vosotros Jefes de Estado y de Gobierno. Ojalá que vosotros, para que vuestro país conozca una verdadera paz social, facilitéis todas las condiciones de diálogo y de concertación que, justamente establecidas, no comprometerán, antes bien favorecerán, a largo término, el bien común de la nación,
en la libertad e independencia. Ojalá que vosotros practiquéis este diálogo de igual a igual con los demás países, y ayudéis a las partes en conflicto a que encuentren los caminos del diálogo, de la conciliación razonable y de la justa paz.”

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